El pueblo donde "desenterraron al Vasco da Gama equivocado"
En las colinas del Alentejo, los platos y vinos de esta bodega maridan con un centro de arte propio y con la historia de la región.
"La historia es increíble. Pero es verdad. En el pueblo de al lado se equivocaron y desenterraron al Vasco da Gama equivocado". Con una sentencia así, todos quedamos cautivados. Estamos en el restaurante de la bodega Quinta do Quetzal, donde su director general, Reto Frank Jörg, preside la cena mientras las suaves colinas del Alentejo se van oscureciendo y el tapiz geométrico de los viñedos se hunde en el silencio de la noche.
La confusa tumba de Vasco da Gama
Ese pueblo es Vidigueira, a 65 km de la hermosa Évora. Más sencillo y austero que otros destinos de la región, allí se encontraba el convento de Nuestra Señora de las Reliquias, donde fue enterrado el descubridor Vasco da Gama en 1539, quince años después de su muerte en la India. Su tumba estaba en un panteón familiar, frente a la de su bisnieto Francisco da Gama.
Como el gobierno portugués consideraba que el gran navegante merecía un descanso más honorable, en 1880 decidió trasladar sus restos al monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa. Pero al abrir la tumba se encontraron con dos cráneos y ocho fémures. ¿Cuál pertenecía al ilustre marino? ¿Y de quién era el otro cuerpo?
Los restos fueron llevados a Lisboa y, quién sabe con qué criterio, a uno de ellos se le dio sepultura como el auténtico Vasco da Gama. Sin embargo, en 1884 el historiador Augusto Carlos Teixeira de Aragão encontró documentos que revelaban que todos estaban equivocados: el mítico explorador seguía en Vidigueira. La confusión habría nacido de un intercambio de lápidas con las de su bisnieto durante unas obras de restauración en 1841. "Por supuesto, todavía en el pueblo se ríen de este caso", dice Jörg mientras nos sirve una copa del exquisito Quetzal Família Grande Reserva Tinto 2017.
Arte y gastronomía
Esas son las historias que fuimos escuchando en el restaurante de la bodega, una amplia sala decorada con murales y obras de arte contemporáneo. Allí, el chef João Mourato y su equipo han logrado que el local sea recomendado por la Guía Michelin y que haya sido elegido mejor restaurante del Alentejo y mejor restaurante de enoturismo de Portugal.
Comer en este lugar es una de las experiencias que ofrece la bodega de 50 hectáreas, abierta en 2006 por el matrimonio formado por Cees e Inge de Bruin. Además de su pasión por el vino, ambos han desarrollado una prolífica carrera como mecenas, que se traduce en las exposiciones periódicas de arte contemporáneo de Quetzal Art.
Este espacio de 450 m², inaugurado en 2016, acoge ahora una muestra de Pedro Barateiro y se suma a una colección permanente de esculturas en los viñedos, murales y el colorido mosaico de estética selvática que decora la sala del restaurante.
Vinos con historia
Una cata en la bodega permite explorar las variedades de sus vinos, de los que solo se producen 150.000 botellas al año y que no se encuentran en supermercados. Así fueron desfilando el Quetzal Brut 2021, el Arte Branco 2024 y el Rosé Trincadeira da Coroa 2022, que revelan sabores y aromas conectados con la historia vitivinícola de la región, que se remonta a la época romana.
La producción se divide entre los exclusivos Quetzal Família, los premium Quetzal Reserva, los elegantes Quetzal Arte y los más accesibles Quetzal Colheita, cada uno con sus referencias, a los que se añaden los vinos Guadalupe y los de Colección Bodega Quetzal, ediciones limitadas en las que dialogan distinguidos rosados, tintos, blancos y espumosos.
Platos del territorio
Varios de ellos pudimos probarlos en los maridajes que propone el restaurante, tanto con los platos a la carta como con el menú degustación, que incluye el pastel de queso de Serpa, la tartaleta de farinheira, el gazpacho de cerezas con helado de queso de cabra, el exquisito cangrejo de río a la Bulhão Pato, el pescado de río frito, el cordero campaniço con puré de zanahoria, la garvonesa con arroz al horno y, de postre, el milhojas de pan y el delírio de Vila de Frades (crema de calabaza).
Ya era noche cerrada cuando el carrusel de vinos concluyó con el dulce Quetzal Rich Red 2016, y minutos más tarde poníamos rumbo a Beja. En el trayecto, nada más dejar la bodega, pasamos cerca de lo que quedó del convento donde Vasco da Gama estuvo enterrado durante siglos, aunque luego lo confundieran con su bisnieto.